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Caleidoscopio: La identidad sudamericana puesta en la mira desde la literatura coreana

Por: Gonzalo Retamal


Esta columna fue originalmente publicada en Biblioteca del Congreso Nacional


Chile ha permitido el flujo constante de otras culturas en el espectro social. Específicamente con Asia, ha sido China y Japón los líderes que se han posicionado en nuestro imaginario cultural. Sin embargo, Corea del Sur también irrumpe en el escenario, a través de intercambios económicos, tecnológicos y culturales.


Las potencias del primer mundo europeo han permeado sus obras literarias a través de los siglos construyendo realidades impuestas al resto de los países. Sus postulados determinan verdades que se aplican en los discursos latinoamericanos, invisibilizando nuestro propio sentir. Como fuga y testimonio personal y colectivo, la literatura se posiciona como conector contrahegemónico posible. En ella podemos experimentar emocionalidades y razonamientos que vivifican la amplitud de nuestro espectro humano para transitar nuevas realidades. Pero la literatura como capital humano se filtra en los países según la relevancia que de ella disponga el poder, invisibilizando de esta forma, la capacidad literaria de otros pueblos. Chile abierto al mundo global ha permitido el flujo constante de otras culturas en el espectro social. Específicamente con Asia, ha sido China y Japón los líderes que se han posicionado en nuestro imaginario cultural.


Sin embargo, Corea del Sur irrumpe en el escenario mundial instalando conexiones internacionales que incluyen tratados económicos, tecnología y cultura. En cuanto al ambiente cultural, Corea ingresa con el explosivo mundo artístico desde el cantante PSY y su canción Gangnam Style, posibilitando encender las luces del K-pop y los doramas. Estos últimos dos aspectos se han circunscrito en el ámbito adolescente, que permite identificar una matriz político-social de gran relevancia y potencial de investigación.

En este sentido la literatura coreana ha quedado relegada en el último bastión cultural introducido en Chile. Dentro de lo disponible en las librerías nacionales se encuentra la novela “Kim Ji-Young, Nacida en 1982” de la escritora Cho Nam-Joo como único referente. Pero “lo asiático” y en específico “lo coreano” ha estado en el acervo bibliográfico del país dentro de la literatura chilena como es en “Charapo” de Pablo D. Sheng.


Sin embargo, es la novela “Seúl, São Paulo” del escritor boliviano Gabriel Mamani Magne quien contrapone y problematiza detalladamente el sincretismo entre lo coreano y lo boliviano, y, más allá, entre lo sudamericano y lo asiático. El escritor paceño de treinta tres años, admirador de Coetzee, Lispector y Junot Díaz, lleva al límite la subjetividad humana y pone en conflicto la identidad de sus personajes. Lo boliviano, así como también lo chileno, se construye con base de discursos preponderantemente desde el poder. Ahora, cuando esta identidad no refleja el sentir propio y humano de quien la vive, pone en tela de juicio la estabilidad impuesta por la nación. He ahí que se abre un espacio propicio para absorber otros “mundos” y reconstruir el propio.


Mamani haya en “lo boliviano” y también en “lo brasileño”, un discurso que no encaja con su visión de mundo, que incluye “el indigenismo” o “el indianismo” como conceptos delimitantes para su accionar social. Aquí yace Corea no como el salvífico resplandor de encuentro identitario, más bien, como la tranquila esperanza de renovación personal de quienes la viven. Este abrir y cerrar de puertas a los mundos culturales pone en crisis nuestra esencia humana. Tales aspectos, como blanquearse el rostro, alisarse el cabello, teñírselo, danzar bajo otros parámetros culturales, expone una realidad boliviana (y sudamericana) que busca nuevos sentidos, y que visibiliza la dura perspectiva de encasillar a la sociedad bajo un mismo discurso. La pluralidad e interculturalidad se expresa en un diálogo ameno de respeto cultural mundial negando toda instancia de imposición.


En “Seúl, São Paulo” se puede encontrar esta tensión humana identitaria, que cohabita en la adolescencia para exponer sus propios discursos. La novela facilita la comprensión de la alejada y excluida vida adolescente en el largo proceso educativo que ejercen los países. Es interesante apropiarse de estos nuevos discursos para trabajar desde ahí líneas educativas que sintonicen aún mejor con este grupo humano. En conversación con Mamani, Corea simboliza ese arañazo al “imperialismo cultural hegemónico” que posibilita obtener nuevos recursos experimentales. Ahora, ante la pregunta de ¿qué es lo chileno?, solo observamos el silencio florecer al asomarse por el Pacífico.


*Gonzalo Retamal (Gialik) es poeta, profesor de Historia y Ciencias Sociales y Estudiante de Doctorado en Literatura Hispanoamericana Contemporánea.



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